Comida Cubana

par Paul Brindamour, avril 24, 2017

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Vivo en un pueblo que ha ganado reputación por sus excelentes restaurantes de diferentes nacionalidades. Tenemos restaurantes italianos, japoneses, mexicanos, irlandeses, jamaicanos, indios, venezolanos, chinos, tailandeses e incluso tibetanos, pero no tenemos restaurantes cubanos. De hecho, una de las pocas veces que he probado la comida cubana lo hice en Miami, y fue hace muchos años. Por lo tanto, no sabía que esperar de la comida cubana en La Habana.

Aunque hice algunas investigaciones en guías y en la sección de viajes de algunas fuentes importantes como TripAdvisor.com y AirBnB antes de mi viaje, la verdadera diversión llegó cuando comencé a explorar La Habana y a descubrir cosas por mi cuenta. Por ejemplo: ¿Qué relación hay entre el ballet y el helado? Muy poca en Los Estados Unidos, pero en Cuba la palabra Coppelia (nombre de un ballet sentimental y cómico estrenado el 25 de mayo 1870 en la Ópera de Paris) es también el nombre de la heladería más popular de La Habana. Cuando entramos en el área principal del Coppelia, un pabellón de 2 pisos rodeado de otras áreas pequeñas con servicio a la mesa, pude comprobar como es el popular helado Coppelia. El lugar tiene capacidad para cientos de personas y el día que fuimos estaba lleno, había familias y parejas disfrutando de una merienda helada. Ese día se ofertaban 5 sabores de helado, incluyendo guanábana, una fruta tropical exótica. Cuando usted visite el Coppelia, asegúrese de contemplar la imagen de las piernas de la bailarina en el edificio principal mientras satisface su gusto por el helado.

Comimos en 2 tipos de restaurantes: estatales y paladares (particulares o privados). Lo más significativo de los restaurantes estatales son los precios que son una verdadera ganga. También son limpios y con buen servicio. El dependiente nos trajo el menú y después regresó para decirnos las ofertas que realmente tenían ese día. La comida y la decoración eran buenas, pero bastante elementales: Sillas de madera y muslos de pollo asado. Un buen ejemplo de este tipo de establecimiento fue La Dulcinea, una dulcería ubicada a una cuadra de nuestro apartamento donde se podían comprar dulces baratos, sándwiches de jamón y queso en un croissant, o jamón con tomate sin salsa y piza de queso. En dos ocasiones para horrar dinero compramos pomos de agua y cenamos en esa dulcería.

Las Paladares por su parte se enfocan al turismo por lo que son más caras, aunque aún siguen siendo más baratas de lo que estamos acostumbrados en Connecticut. Encontrará en ellas decoración, variedad, ambiente cómodo, servicio excelente y comida de muy alta calidad. En nuestra primera noche en La Habana llegamos al Café Laurent en un balcón de un 5to piso con vistas de la puesta del sol y del Caribe, justo un poco más allá del horizonte del barrio del Vedado. Con su amplio menú de comidas cuidadosamente preparadas, un servicio atento, vinos de marca, postres cautivadores y tabacos después de la cena, el lugar se llena por lo que es recomendable hacer reservaciones con antelación.

Otra noche encontramos El Café California, con asientos al aire libre y entrenamiento en vivo. La comida estuvo excelente y el dependiente fue un verdadero festín. Para desayunar apreciamos la mesa buffet del Hotel Capri, un lugar del que nadie sale decepcionado.

Seguro está pensando que todo lo anterior es solo comida de restaurante y se preguntará ¿Qué comen los cubanos? Para averiguarlo nos dirigimos a un agromercado y a una tienda estatal. El agromercado se puede comparar con cualquiera de los que hemos visto en Italia o España, con docenas de puestos vendiendo carne fresca (fundamentalmente de puerco), flores, una colorida variedad de frutas tropicales, una amplia selección de verduras y vegetales, y quesos hechos en casa. En una corta visita luego de haber desayunado en el Hotel Capri, probamos algo de maní casero y una variedad de fruta tropical desconocida para nosotros llamada CAIMITO.

Al lado había un establecimiento estatal que parecía un complemento del agromercado y suministraba algunos alimentos básicos, había sacos de azúcar, arroz, frijoles e inmensos envases de vinagre, también había gran cantidad de jabones.

Para ver como estos alimentos eran preparados, cenamos en 2 casas de familias cubanas. Nuestro primer anfitrión fue Frank, que era sociable y generoso a la vez. Él nos contó sobre su pasado familiar y nos presentó a su esposa e hijos, antes de servirnos fuentes con panecitos, puerco asado, arroz, frijoles negros y vegetales. La comida fue preparada de manera impecable y tenía un sabor delicioso.

Insuperable también fue el banquete preparado por el segundo anfitrión, Juan Daniel, que incluyó una pierna de puerco entera asada con mucho cuidado en su asador casero, con arroz, frijoles negros, yuca, tomates, zanahorias, pepinos, chicharrones, 3 tipos de plátanos (cada uno preparado de manera diferente y todos deliciosos) y una sorprendente ensalada de frutas tropicales cultivadas en su propio patio. Luego de darnos un recorrido por su huerto, nos invitaron a degustar un cake casero con ciruela y a un flan cremoso hechos por la madre de Juan Daniel. ¡Qué hospitalidad tan extraordinaria! Nos pusimos tristes cuando nuestro taxi llegó después de pasar 3 horas conversando y disfrutando de una gran cena.


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